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Ante la recesión, mayor prevención

Juan Manuel Gutiérrez, Director de CONDUCTA SEGURA INTEGRAL

Perdón por sugerir ya el eslogan para una posible pancarta en la próxima manifestación sindical, pero es que se ve venir. Se nos viene encima la recesión económica y la primera en caer, víctima de los recortes, será la atención a los riesgos psicosociales.
Para los técnicos prevencionistas especializados en Ergonomía y Psicosociología, el trabajo habitual con los factores de riesgo psicosocial plantea muchos problemas de índole práctica. Hay que saber definirlos con precisión, hay que explicarlos con claridad, hay que razonar por qué utilizamos este número de factores con el que hoy trabajamos y no más (o menos), etc. Nos falta, es cierto, mayor experiencia (hablo de décadas) y más acendrados usos que aquéllos a los que estamos habituados. Aunque no me cabe duda de que el tiempo y la persistencia nos harán salir victoriosos en este combate desigual.
Por eso, no me extraña que hace poco, en una solemne sesión organizada por OSALAN, Instituto Vasco de Seguridad y Salud, dedicada a este tema de “lo psicosocial” y con la sala llena de profesionales del sector, una persona expresara en una sola frase sus dudas sobre el valor relativo de las mediciones basadas en meras percepciones subjetivas y la imbricación de la actual crisis en todo esto. Su frase fue: “¿De qué se quejan los trabajadores? De lo que pueden”.
No es una expresión baladí, aunque fuera probablemente desafortunada debido al contexto en la que se emitió. Pero ese enunciado nos recuerda que sigue habiendo dudas sobre cómo optimizar la medición de las consecuencias psicológicas que pueden derivarse para los trabajadores las diferentes modalidades del estilo de liderazgo, de la gestión de tiempos, comunicación, la formación e la información, de la carga mental que supone la tarea prescrita; en definitiva, de la organización del trabajo. Y también es cierto que, enfrentados a una crisis económica sin precedentes, los factores psicosociales no parecen ser el aspecto más preocupante de la situación laboral ni siquiera para nosotros, los técnicos destinados a su evaluación y control.
Pues cuidado, porque lo que se avecina, si no lo remediamos mediante la observación y la vigilancia habitual de nuestras buenas prácticas, es la tendencia “política” opuesta: la opción subliminal (quizá no explícita pero sí claramente definida) de muchos directivos por volver a las trincheras del capitalismo más primitivo y desaseado con el fin de plantear la posibilidad de arrancar los “avances sociales” conseguidos. Y todo ello bajo la consigna de que “ahora es el momento, que son pocos, mal organizados y tienen la guardia baja”.
Démosle la vuelta al argumento y preguntémosle a un agricultor cualquiera qué año hubo buena cosecha:
“Nunca” será la respuesta tradicional. Que si un año hubo granizo; que el siguiente fue bueno, pero arrastraba las pérdidas del anterior; que el siguiente bajaron los precios de mercado y al siguiente no le llegaron las subvenciones europeas, etc. Preguntemos
al gerente industrial cuándo fue un buen año para renegociar al alza los dividendos de sus directivos y jefes de departamento: “Uffff, ni me acuerdo, pero hace mucho”, será la respuesta habitual. Nunca es buen momento de recordar el balance de resultados
más que positivo de años pasados.
Y sin embargo, sí hubo buenos años, años de “vacas gordas”. Aunque parece ser que en ese tiempo, como cigarras vividoras, los empresarios no guardaron provisiones para estos años de “vacas flacas” que se nos echan encima. Y si lo hicieron, que es lo más probable, lo han oscurecido en sus cuentas de resultados y no piensan soltar un duro.
Posiblemente, no planificaron para el futuro, como en el gremio de los banqueros (éstos sí,hormiguitas bien organizadas) la disposición de provisiones que dieran respuesta a todas aquellas posibilidades de futuras insolvencias. Aunque hay que admitir que, también es verdad, no cuentan como en el caso de éstos, de ayudas del Estado para salir a flote sin contrapartida alguna.
La insolidaridad no es un defecto que aparezca exclusivamente en los tiempos difíciles sino que es más bien uno de los cimientos del capitalismo primitivo. Sonrío al pensar que seguro que todavía existe por ahí algún profesor de instituto que les lee a sus alumnos las tesis de Proudhon: “La propiedad es un robo”. No es malo que los jóvenes relean y re-piensen las teorías que nos sustentan socialmente, por si a lo mejor encuentran algunas mejores. Lo digo pensando en que nuestros líderes mundiales nos prometieron pero finalmente no han podido (o se les ha olvidado) refundar las estructuras básicas del capitalismo. Permitamos a los jóvenes que nos aporten sus refutaciones utópicas del statu quo, porque también de ilusión se vive…
Pero volvamos al ámbito de los factores psicosociales.
Una de las fuentes de distrés en el mercado laboral actual es la precarización del empleo, lo que conlleva para quien lo sufre estar expuesto/a a sus dos atributos psicológicos consustanciales: la falta de predictibilidad y la falta de controlabilidad. Es el mundo del cambio continuo, el mundo de la flexibilidad laboral unido a la inestabilidad que convierten al entorno del trabajo en un hábitat impredecible e incontrolable; es decir, muy poco saludable para el organismo que lo habita.
Máxime si a ello le añadimos el ascenso en el escalafón de algunos jóvenes directivos o jefes de departamento “tóxicos” (“cañeros” o “arreadores” en el argot laboral): individuos que, independientemente de su edad, ostentan viejos estilos autoritarios de mando sobre personas, en los que se incluye frecuentemente el insulto y la vejación personal.
Estos verdaderos “perros de presa” se aprovechan de la indefensión de muchos de sus colaboradores (eventuales y sub-empleados) para ejercer un control exhaustivo y personalista fuera de toda norma, para exprimir a sus trabajadores hasta la última gota de esfuerzo, para ejercer sobre ellos un poder que no tendrían en condiciones normales. Éste es, lamentablemente, el momento de los “jefecillos implacables”, sobre todo si sus gerentes no miran a medio-largo plazo y les consienten los gritos y las imprecaciones mediante las que consiguen un rendimiento extra que dura sólo un instante.
Imprecar: “Proferir palabras con que se expresa el vivo deseo de que alguien sufra mal o daño” viene de la mano del término precario: de poca estabilidad o duración. Parece que la precariedad viene con la imprecación. Pero no tiene que ser necesariamente así.
Más bien al contrario, en estos tiempos difíciles es cuando los trabajadores, si se sienten psicosocialmente comprometidos, pueden “darle la vuelta a la tortilla” arremangándose y arrimando el hombro en aspectos que pueden ser clave de bóveda de mejoras espectaculares en la organización: la calidad de procesos y la innovación son buenos ejemplos.
La implicación con los objetivos empresariales de toda la plantilla no puede ser suplantada por una asunción obligatoria y sin profundidad.
Así que anotemos esto en nuestra agenda de trabajo de este 2012 ya comenzado: la inversión en Personas, una de las más eficaces y eficientes para cualquier empresa, debe mantenerse al alza.
Los factores psicosociales son un buen elemento de diagnóstico de la calidad de vida laboral. Y, en tiempos de recesión (económica), hay que hacer un mayor esfuerzo en prevención (psicosocial).

 

 

Ibermutuamur

Documentación de prevención de riesgos laborales elaborada por Ibermutuamur Corporación mutua


 

 
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