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Epicuro

Epicuro (341-271 a. C.) vivió y filosofó en una casita rodeada de una pequeña huerta, muy cerca de la Academia de Platón, hasta que, a la edad de setenta años, aquejado de una prostatitis de caballo, se introdujo en un baño caliente, pidió una copa de vino puro y murió serenamente en compañía de sus queridos discípulos y amigos.
Epicuro entiende la Filosofía como una especie de medicina del alma; su misión, por tanto, será la de proporcionarnos el remedio que nos libere del dolor, de la desgracia, de las miserias que abruman nuestra vida. Una Filosofía que no cure las heridas del alma no tiene para El ningún valor, porque el fin último de la actividad filosófica debe proporcionar felicidad al ser humano.
Para cumplir este fin, Epicuro primero efectúa un diagnóstico y luego proporciona un remedio. El remedio es cuádruple, pues cuatro son los temores que amenazan nuestra vida feliz.
El primero de todos sería el temor al destino, el pensamiento de que nade de lo que hagamos podrá cambiar nuestra vida. En segundo lugar, se situará el temor a los dioses. En tercer lugar, está el temor a la muerte. En cuarto lugar, el temor al dolor.
Con esto dicho, Epicuro considera que la Filosofía ha cumplido ya su primera y principal misión, librarnos de los temores que amenazan nuestra felicidad. Ahora nos queda una segunda parte, que será ofrecernos un modelo de vida feliz.
Epicuro mantiene como ideal de vida general que lo único que puede hacer feliz al hombre es el placer. El hombre es un ser vivo como cualquier otro y todos los seres vivos buscan el placer y huyen del dolor.
Epicuro nos recomienda seguir dos reglas. La primera dice así: Hay que aceptar y disfrutar el placer que se nos presente, a menos que la razón prevea que de él se derivará un dolor futuro o superior. La segunda de las reglas, viene a decir lo mismo: Hay que apartarse del dolor presente, a menos que la razón prevea que su aceptación nos reportará un placer futuro superior.
Distingue dos placeres, el de los sentidos y el intelectual. Pero el placer fundamental es el placer de la amistad.
Desarrollar nuestra inteligencia produce un placer inmenso, dulce y continuo, gracias al cual obtenemos la ataraxía, un término griego que equivale a lo que nosotros entendemos por “tranquilidad de ánimo” que es la esencia de la felicidad.
Epicuro escribió muchos tratados en los que explicaba su atomismo y su doctrina ética. Desgraciadamente, los cristianos consideraron a este filósofo como una especie de representación viva de Satanás en la tierra. De ahí que durante la Edad Media las copias existentes de los libros de Epicuro fuesen sistemáticamente quemadas, en nombre del bien de las generaciones futuras.
Sin embargo, han bastado los breves fragmentos que se conservan de su obra para que su doctrina haya encontrado discípulos en todo tiempo y lugar.
Epicuro dijo: “no existe una vida placentera sin que sea sensata, recta y justamente vivida, ni se puede vivir sensata, recta y justamente sin el placer. Quien no tiene tal criterio, no puede vivir gozosamente”.

 

 

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