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Estás en: Inicio > Riesgos higiénicos > La persistencia como factor de riesgo, TPBs

Un parámetro importante para evaluar el peligro que representa un producto es su persistencia,
es decir, la capacidad que presenta para permanecer inalterado en medio.
La peligrosidad de los productos químicos para el medio ambiente se determina, por una parte, con ensayos que determinan su toxicidad para individuos de distintas especies especialmente sensibles y, por otra, evaluando la facilidad con la que el producto puede ser biodegradado.
Un producto persistente indica que su vida media es muy larga y sus efectos negativos, aunque sean pequeños, van a estar ahí por mucho tiempo. Si además el producto en cuestión puede entrar en la cadena trófica, puede ir aumentando su concentración relativa convirtiéndose en un tóxico manifiesto al final de esta. En este caso será bioacumulativo.
Imaginemos un pequeño lago, o un río contaminado con una sustancia de este tipo. El pez pequeño ingiere a través del plancton pequeñas cantidades de una sustancia persistente que va acumulando en su organismo a lo largo de su vida.
Cada uno de los peces pequeños está contaminado, mucho más que el plancton inicial. El pez grande come a los peces pequeños que están contaminados, come muchos peces a lo largo de su vida por lo que el nivel de contaminación del pez grande ya es mayor. Finalmente nosotros comemos los peces grandes.
El mismo ejemplo lo podríamos poner a partir de un suelo o de una planta contaminada.
En general, el “depredador” consume el tóxico acumulado durante la vida de la “presa”, por lo que la contaminación aumenta al ascender en la cadena alimentaria.
Este fenómeno del aumento de contaminación al ascender en la cadena trófica se denomina biomagnificación.

Un problema a nivel global: potencial de transporte a largas distancias Otra característica de este tipo de productos que persisten en el medio, es la capacidad de ser transportados a largas distancias. Como no desaparecen ni se degradan, pueden pasar de un medio a otro y llegar a producir sus efectos en puntos muy alejados del lugar de origen, pudiendo llegar a ser detectados en regiones donde nunca fueron utilizados. Los contaminantes pueden ser transportados por las aguas superficiales, subterráneas, pueden desplazarse a través de la atmósfera, o incluso ser desplazados por los ser vivos, o aves migratorias, por ejemplo. Es preciso prestar especial interés a este tipo de sustancias se tenemos en cuenta que:
Como vemos, el potencial de transporte, convierte el problema que representan estos contaminantes en un problema global, no local, que se extiende por todo el planeta.
La eliminación de este tipo de sustancias debe ser prioritaria, como se pone de manifiesto
en diversas normativas tanto de carácter internacional como europeo. (Convenio de Estocolmo. Convenio OSPAR. Reglamento REACH).
Los TPB fueron motivo de estudio del Convenio de Oslo y París (Convenio OSPAR), para la Protección de en medio Ambiente Marino del Atlántico Nordeste, suscrito en París en 1992 y que entró en vigor en España en 1998. Están también incluidas en el reglamento REACH entre las sustancias de especial preocupación, y sobre las que debe priorizarse la sustitución y eliminación.

Los parámetros que indican el peligro que supone un producto químico para el medio ambiente viene indicado por dos aspectos:
 Toxicidad para los organismos vivos
 Biodegradabilidad.
Muchos de los mecanismos que se fijan para el control ambiental de contaminantes están o estuvieron basados en diluir los contaminantes y dispersarlos en pequeñas cantidades en el medio ambiente. Sobra decir, que con este tipo de sustancias este tipo de medidas son poco o
nada eficaces. En el Anexo XIII del reglamento REACH, se definen los criterios para identificar sustancias organometálicas (no se aplica a sustancias inorgánicas) PBT y mPmB:
Sustancias TPB
Una sustancia que cumple los criterios de las siguientes secciones, es una sustancia TPB.

“La experiencia a nivel internacional demuestra que sustancias con características que las hacen persistentes, bioacumulables y tóxicas o muy persistentes y muy bioacumulables representan un grave motivo de preocupación; por otra parte, se desarrollaron criterios que permiten identificar este tipo de sustancias.” (Art. 76 REACH).
1.Persistencia
Una sustancia cumple el criterio de persistencia si:
 su vida media en el medio ambiente marino supera los 60 días, o
 su vida media en agua dulce o estuarina supera los 40 días, o
 su vida media en sedimentos marinos supera los 180 días, o
 su vida media en sedimentos de agua dulce o estuarina supera los 120 días, o
 su vida media en el suelo supera los 120 días.
2. Bioacumulación
Una sustancia cumple el criterio de bioacumulación si:
 su factor de bioconcentración es superior a 2.000.
3. Toxicidad
Una sustancia cumple el criterio de toxicidad si:
 la concentración sin efecto observado (Noec) a largo plazo de los organismos de agua dulce o aguas marinas es inferior a 0,01 mg/l, o
 la sustancia está clasificada como cancerígena (categorías 1 o 2), mutagénica (categorías 1 o 2) o tóxica para la reproducción (categorías 1, 2 o 3), o
 existen otras pruebas de toxicidad crónica identificadas por las clasificaciones T, R48, o Xn, R48, de acuerdo con la Directiva 67/548/CENE.
Sustancias mPmB
Una sustancia que cumple los criterios de las siguientes secciones es una sustancia mPmB (m=muy): Sustancias que presentan problemas de persistencia son los COP (Compuestos
Orgánicos Persistentes: pesticidas, insecticidas organoclorados, herbicidas, PCB), algunos COV (Compuestos Orgánicos Volátiles), entre otros.
COP´s
Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP´s) son un conjunto de compuestos orgánicos fabricados artificialmente por el hombre, muy tóxicos, y que tienen un tiempo de persistencia en el ambiente muy largo. Al ser compuestos artificiales, las bacterias y demás organismos no pueden degradarlos fácilmente. Muchos tienen efectos acumulativos, ya que se almacenan en los tejidos grasos fijándose en la cadena alimenticia, y pueden tener también efectos hormonales. Contaminantes de este tipo son los pesticidas, insecticidas organoclorados, herbicidas o PCB.
El problema que representan este tipo de compuestos fue objeto de estudio en la Conferencia de Estocolmo en el año 2001, en el que se clasifican en cinco anexos en función de las medidas a adoptar para su control: eliminación paulatina, restricciones de uso, reducción de emisiones, etc.
El carbono forma muchos compuestos con cloro, algunos de los cuales se encuentran en la naturaleza, aunque normalmente en muy pequeñas cantidades.

2. Bioacumulación
Una sustancia se considera muy bioacumulable si:
 su factor de bioconcentración es superior a 5.000.
1. Persistencia
Una sustancia se considera muy persistente si:
 su vida media en agua marina, dulce o estuarina supera los 60 días, o
 su vida media en sedimentos de agua marina, dulce o estuarina supera los 180 días, o
 su vida media en el suelo supera los 180 días.

El enlace carbono-cloro es difícil de romper, de forma que la presencia de cloro disminuye
la reactividad de las moléculas. Esta baja reactividad puede ser ventajosa para muchas aplicaciones. Sin embargo, esta misma propiedad dificulta su degradación, lo que significa que una vez los compuestos organoclorados entraron en medio ambiente, se degradan lentamente y, por tanto, tienden a acumularse.
3.6.2 Fitosanitarios o plaguicidas y biocidas
Los productos fitosanitarios son sustancias y mezclas que contienen sustancias activas destinadas a:
 Proteger los vegetales contra organismos nocivos o evitar su acción.
 Influir en el proceso vital de los vegetales (no como nutriente), como por ejemplo
los reguladores de crecimiento.
 Mejorar la conservación de los productos vegetales (no incluidos en los conservantes).
 Destruir los vegetales indeseables.
 Destruir partes de vegetales, o controlar o evitar un crecimiento inadecuado
de los mismos.
Los biocidas son sustancias activas y mezclas que contienen sustancias destinados a destruir, impedir la acción o controlar por medios químicos o biológicos organismos vivos nocivos. Aunque técnicamente son lo mismo, podemos considerar los biocidas como plaguicidas de uso no agrícola.
El uso de pesticidas remonta al siglo XVIII. Marco Polo llevó de la China el piretreno, y en Europa era empleada la nicotina para el control de insectos. A partir del siglo XIX, se comenzaron a emplear sales metálicas diversas con los mismos fines.
Pero fue a partir de la Segunda Guerra Mundial cuando se generalizó su uso a nivel mundial, siendo la utilización de pesticidas y fertilizantes a responsable de lo que se conoció como la Revolución Verde y que permitió la erradicación de plagas y el control de epidemias provocadas por insectos, como la malaria.
El uso de estos productos contribuyó en buena medida a salvar muchas vidas, pero su uso indiscriminado y la ausencia de conocimientos sobre sus peligros, fue responsable también de graves desórdenes ecológicos y de efectos perjudiciales para el ambiente y la salud pública, haciéndose necesario el control legislativo de su producción, distribución y uso.
Composición
 Ingrediente activo: producto que tiene la actividad plaguicida propiamente dicha.
 Ingredientes inertes: sustancias o materiales que, unidos a los ingredientes activos para la preparación de formulaciones, permiten modificar las características de dosificación o de aplicación.
 Coadyuvantes: sustancias tales como tensioactivos, fluidificantes, estabilizantes y demás, que sean útiles en la elaboración de plaguicidas por su capacidad de modificar adecuadamente las propiedades físicas y químicas de los ingredientes activos.
 Aditivos: sustancias tales como colorantes, repulsivos... que sin tener influencia en la eficacia de los plaguicidas, sean utilizados en la elaboración de los mismos con el objeto de cumplir prescripciones reglamentarias u otras finalidades.
 Formulación o preparado: plaguicida compuesto de una o varias sustancias o ingredientes activos y en su caso, ingredientes inertes, coadyuvantes y aditivos en proporción fija.
Efectos perjudiciales
Los pesticidas acostumbran a ser selectivos para los organismos que combaten, pero también son nocivos para otras especies. En el ser humano pueden provocar envenenamiento accidental agudo, o efectos derivados de la exposición crónica en trabajadores/as expuestos ocupacionalmente, pero también por restos presentes en los alimentos.

Uno de los insecticidas más empleados y conocido es el DDT (DICLOROFENILTRICLOROETANO),
empleado desde 1945 para el control de los mosquitos portadores de la malaria. Afecta al sistema nervioso central de los insectos. Forma parte de los conocidos como organoclorados
(una molécula orgánica que contiene átomos de cloro).
Estudios en ratones de laboratorio ponen de manifiesto que esta sustancia:
 Es soluble en las grasas (queda acumulado en ellas)
 Se acumula en las plantas (entra en la cadena alimentaria)
Tiene efectos nocivos en los mamíferos:
 La exposición crónica produce cambios en el hígado (siendo cancerígeno).
 Produce la estimulación del Sistema Nervioso Central al interferir con dos transmisores
(acetilcolina y norepinefrina).
Una vez conocidos sus efectos adversos y su persistencia en el medio ambiente su uso se fue reduciendo en todo el mundo, apareciendo así en los años 50, los compuestos organofosforados (molécula orgánica que contiene, entre otros, átomos de fósforo. Por ejemplo paratión, alatión,…) se consolidaron cómo insecticidas principalmente agrícolas, y su uso se incrementó enormemente con la prohibición del uso de los organoclorados como el DDT.
Los plaguicidas organofosforados constituyen un amplísimo grupo de compuestos de síntesis, en general altamente tóxicos, con precedente en los gases de guerra, a menudo conocidos bajo el
apelativo de gases nerviosos (sarin, tabun, soman), que se desarrollaron de manera especial
a partir de la Segunda Guerra Mundial.
Estas sustancias se caracterizan por ser liposolubles (solubles en grasas). La piel,
donde se encuentra una importante capa de tejido con elevado contenido en lípidos, puede constituir una importante vía de entrada. También son bastante volátiles (posible inhalación), pero son más fácilmente degradables que los organoclorados (no tan persistentes en medio).
Pero estos aún son más tóxicos que los anteriores. Producen también alteraciones en el sistema nervioso, inhiben el efecto de una enzima, la colinesterasa, provocando que se acumule en las células acetilcolina, lo que da lugar a una estimulación excesiva de los nervios (neurotoxicidad), su efecto puede ser letal. Los síntomas más críticos son los de tipo respiratorio (paro repentino), y en segundo lugar los de tipo cardiovascular.
Dentro de este grupo de sustancias también estarían los Herbicidas, que no presentan problemas tan graves (la excepción de los elaborados la base de Arsénico que son muy persistentes). Aun así existe riesgo potencial para los trabajadores/as expuestos ocupacionalmente.
Algunos raticidas pueden resultar cardiotóxicos y vomitivos, son altamente persistentes y muy tóxicos para los mamíferos. En el caso de los fungicidas, son de especial preocupación los elaborados en base a Mercurio.
Estos son algunos ejemplos de algunas familias de sustancias pero existen muchas más. Sus efectos para la salud de las personas, de los animales y de en medio ambiente pasan, entre otros por:
Se diseñan cada vez productos más potentes y resistentes que cumplen mejor su función pero, en general, también aumentan sus efectos adversos. Un biocida químico está diseñado para matar seres vivos por lo que su uso inadecuado o descontrolado puede ser muy peligroso.
Es de vital importancia el conocimiento de los riesgos y peligros que suponen estas sustancias antes de ser empleadas para no cometer los mismos errores que en el pasado.
Salud Medio ambiente

La manipulación de productos fitosanitarios supone un riesgo de exposición de los trabajadores y trabajadoras a las sustancias que contienen dichos productos, principalmente a sus ingredientes activos, aunque también a disolventes, coadyuvantes...
Dicha exposición se produce tanto por vía dérmica, como inhalatoria y digestiva, aunque la que más importante en la mayoría de los casos es la vía dérmica.
En cuanto a la exposición ocupacional a estos productos podemos diferenciar tres tipos de agentes:
 Trabajadores/as de la producción industrial: exposición continua y prolongada.
El riesgo de enfermedad profesional por exposición crónica puede ser elevado, puesto que se manipulan ingredientes activos con un elevado grado de pureza, concentrados.
 Los trabajadores/as que utilizan estos productos (manipuladores, aplicadores).
 Personal no usuario de los plaguicidas pero que puede estar sometido a exposiciones agudas repetidas (tratamientos en hospitales…).
La peligrosidad de estas sustancias hace necesario un adecuado control en su producción, comercialización y uso a nivel comunitario.

Los productos Fitosanitarios solo pueden ser comercializados en el territorio español con autorización previa, una vez inscritos en el Registro Oficial de Productos y Material Fitosanitario. En cuanto a los biocidas, existe también un Registro Oficial de Biocidas o Plaguicidas no Agrícolas en el que se encuentran todas las sustancias de este tipo autorizadas en España. En ambos
casos, deberán ser etiquetadas y envasadas conforme al Reglamento CLP, y deberán indicar en su etiqueta el número de registro de la autorización, e indicar los usos para los que fueron autorizadas.
La autorización de los productos se hace, en general, para períodos no superiores a diez años, primando siempre el principio de sustitución por sustancias o procesos alternativos más seguros. La forma más eficaz de garantizar la seguridad de los trabajadores/as sería eliminar el riesgo mediante la utilización de alternativas a los productos fitosanitarios (por ejemplo, la lucha biológica), o la sustitución por productos de baja toxicidad.
A continuación, se resume la legislación específica para fitosanitarios y plaguicidas:

 Reglamento (CE) nº 1107/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo de 21 de Octubre de 2009 (L309, 24.11.2009) relativo a la Comercialización de Productos Fitosanitarios y por el que se derogan las Directivas 79/117/CENE y 91/414/ CENE del Consejo.
 Directiva 2009/127/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 21 de Octubre de 2009 por la que se modifica la Directiva 2006/42/CE con respecto a las Máquinas para la Aplicación de Plaguicidas.
 Directiva 2009/128/ CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 21 de Octubre de 2009 por la que se establece el marco de la actuación comunitaria para conseguir un Uso Sostenible de los Plaguicidas.
 Reglamento 396/2005 del Parlamento Europeo y de Consejo, de 23 de Febrero de 2005 relativo a los límites máximos de residuos de plaguicidas en alimentos y piensos de origen vegetal y animal y sus posteriores modificaciones.
 Real Decreto 2163/1994 de 4 de Noviembre, por lo que se implanta el sistema armonizado comunitario de autorización para comercializar y utilizar productos fitosanitarios.


Ibermutuamur

Documentación de prevención de riesgos laborales elaborada por Ibermutuamur Corporación mutua


 

 
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