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Un pacto mundial para el empleo

PREFACIO
La Conferencia Internacional del Trabajo, con la participación de los delegados de gobiernos, empleadores y trabajadores de los Estados Miembros de la Organización Internacional del Trabajo, adoptó por unanimidad, el 19 de junio de 2009, el documento titulado «Para recuperarse de la crisis: Un Pacto Mundial
para el Empleo».
En este instrumento de política global se abordan las repercusiones de la crisis financiera y económica internacional en losámbitos social y del empleo. El documento promueve una recuperación productiva, centrada en la inversión, el empleo y la protección social.
El objetivo fundamental del Pacto Mundial para el Empleo es proveer una base acordada internacionalmente para políticas diseñadas para reducir el período entre recuperación económica y recuperación con oportunidades de trabajo decente. Es un llamado a la acción mundial urgente: nacional, regional y global.
El Pacto Mundial para el Empleo recibió un firme apoyo político de los Jefes de Estado y de Gobierno, Vicepresidentes, Ministros de Trabajo y dirigentes de organizaciones de empleadores y de trabajadores de todas las regiones que participaron en la Cumbre de la OIT sobre la Crisis Mundial del Empleo, celebrada
del 15 al 17 de junio de 2009. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, también manifestó su vigoroso respaldo al Pacto Mundial en un mensaje dirigido a la Cumbre.
El Pacto Mundial para el Empleo es una sólida respuesta de los representantes de los gobiernos, la comunidad empresarial y los trabajadores — los actores de la economía real — al aumento sin precedentes del desempleo, el subempleo y el trabajo informal en todo el mundo, situación que ha agravado los problemas que
ya existían en el mercado de trabajo y que fueron objeto de la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa, de 2008.
El deterioro del empleo está ocasionando grandes dificultades a muchos trabajadores y trabajadoras, y por ende a sus familias y comunidades, y agravando la pobreza. Asimismo, la crisis del empleo está poniendo en peligro el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debilitando a las clases medias,
amenazando la cohesión social y erosionando la confianza en los dirigentes.
Además, habida cuenta de que cada año se incorporan al mercado de trabajo mundial otros 45 millones de personas — en su mayoría hombres y mujeres jóvenes —, de hoy día al año 2015 habrá que crear unos 300 millones de puestos de trabajo nada más que para responder al ritmo de crecimiento de la fuerza de trabajo.
Las crisis anteriores también nos han enseñado que entre la recuperación económica y la recuperación del empleo suele haber un desfase considerable.
Todo esto explica por qué la crisis mundial del empleo podría persistir durante muchos años, a menos que se adopten desde ya decisiones más enérgicas y focalizadas para acelerar la recuperación del empleo y mantenerla a la par con la reactivación económica.
El Pacto Mundial para el Empleo propone un conjunto equilibrado y realista de medidas de política que los países, con el apoyo de instituciones regionales y multilaterales, pueden adoptar a fin de potenciar los esfuerzos que ya se están desplegando para hacer frente a la crisis y buscar al mismo tiempo la sostenibilidad
económica, social y medioambiental.
El documento presenta una cartera integrada de políticas viables y de probada eficacia, que ponen el empleo y la protección social en el centro de las respuestas a la crisis. Estas políticas se pueden adaptar a las situaciones nacionales y locales, y ya son muchos los países que están aplicando algunas de ellas.
El Pacto propone medidas y políticas para:
• mantener en el empleo a las mujeres y los hombres tanto como sea posible, y respaldar a las empresas, en particular las pequeñas, medianas y microempresas;
• apoyar la creación de empleo y promover inversiones en sectores intensivos en empleo, incluidos los empleos verdes;
• facilitar una reinserción más rápida en el empleo y contener la deflación de los salarios;
• proteger a las personas y las familias afectadas por la crisis, en particular las más vulnerables y aquéllas en la economía informal, fortaleciendo los sistemas de protección social para mantener ingresos y niveles de subsistencia sostenibles, así como la seguridad de las pensiones;
• acelerar la recuperación del empleo y ampliar las oportunidades de ocupación, actuando simultáneamente sobre la demanda y la oferta de trabajo; y
• dotar a la fuerza de trabajo de las competencias laborales necesarias tanto ahora como en el futuro.
El Pacto Mundial para el Empleo se basa en el Programa de Trabajo Decente; por consiguiente, en él se recuerda que el respeto de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, la promoción de la igualdad de género y el fomento de la expresión, de la participación y del diálogo social también son críticos para
la recuperación y el desarrollo.
Si se adoptan de forma integral y coordinada, estas políticas pueden reducir las tensiones sociales, mitigar el impacto negativo de la recesión en las personas, estimular la demanda agregada y reforzar tanto a las economías de mercado competitivas como un proceso de crecimiento más incluyente.
En resumen, el Pacto responde tanto a las aspiraciones de las personas como a las necesidades de la economía real.
Es importante señalar que el Pacto Mundial para el Empleo hace un llamado a favor de iniciativas de política coordinadas a nivel mundial, lo que permitirá maximizar su impacto positivo para el empleo y las empresas sostenibles en todo el mundo. El Pacto presta especial atención a los países en desarrollo, en particular los
países menos adelantados, y a los países que disponen de un escaso margen fiscal y de políticas para actuar contra la crisis.
El Pacto hace un llamado a los países donantes y a los organismos multilaterales a fin de que consideren proporcionar financiación, inclusive con cargo a los recursos existentes para responder a la crisis, para la puesta en práctica de las recomendaciones y las opciones de política propuestas en el mismo. El Pacto puede contribuir
a reforzar y hacer más eficaz la coordinación de las políticas y las medidas que se emprendan entre todas las organizaciones internacionales pertinentes, incluyendo a las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods, las organizaciones regionales y los bancos de desarrollo.
Además, en el Pacto se plasma el compromiso de la OIT de poner en práctica las decisiones de la Junta de Jefes Ejecutivos (JJE) de las Naciones Unidas, bajo la iniciativa de respuestas conjuntas a la crisis a nivel de todo el sistema, y de contribuir al G-20 y a otros procesos gubernamentales.
Los mandantes tripartitos de la OIT se han comprometido a trabajar juntos para coadyuvar al éxito del Pacto Mundial para el Empleo. Dicho éxito también depende de las decisiones que se adopten en los ámbitos nacional e internacional por los gobiernos, las empresas, los sindicatos, los parlamentos nacionales, las
autoridades locales, la sociedad civil, los donantes y las instituciones multilaterales. Debemos actuar unidos para superar la crisis mundial del empleo y dar las respuestas que la gente espera de los líderes en la sociedad.
En la Cumbre celebrada en julio de 2009, los líderes del G-8 declararon que el Pacto Mundial para el Empleo era «pertinente para responder a la crisis a escala mundial y promover la dimensión social de la globalización», y que «los países desarrollados, emergentes y en desarrollo, así como las organizaciones internacionales deberían trabajar unidos para garantizar un crecimiento orientado hacia la generación de empleo y promover la cohesión social».
En julio de 2009, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas alentó a los Estados Miembros a que utilizaran plenamente el Pacto Mundial para el Empleo a la hora de definir sus propias políticas. También hizo un llamado a las Naciones Unidas para que considere integrar el contenido de políticas del Pacto en las actividades del sistema de Coordinadores Residentes y en los equipos por país en apoyo a respuestas nacionales a la crisis.
El Pacto se proyecta hacia el futuro, más allá de la recuperación inmediata. Al respecto, se destacan cuatro áreas: i) un marco regulador y de supervisión financiera al servicio de la economía real, las empresas sostenibles y el trabajo decente; ii) comercio y mercados eficientes y bien regulados que redunden en beneficio de todos, sin proteccionismo pero con la debida consideración de la situación de los países de bajos ingresos; iii) la transformación de la economía hacia actividades con baja emisión de carbono y respetuosas del medio ambiente; y iv) una senda de desarrollo sostenible que permita que todos los países — inclusive los países en desarrollo — pongan el empleo y la protección social en el centro de sus políticas económicas, sociales y de reducción de la pobreza, con el apoyo internacional.
El Pacto, y el compromiso tripartito mundial que en él se ha expresado, ofrece una oportunidad única para que los países y el sistema multilateral afronten la crisis con una visión común en torno a una recuperación productiva y equilibrada que proteja la dignidad de las personas y, al mismo tiempo, contribuya a una economía mundial y un proceso de globalización más equitativos y sostenibles. Juan Somavia. Director General. Agosto de 2009

 

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